contemos la historia del revés
20-en mi cama, escribiendo, tranquilo, feliz
19-me sabe a gloria el sobrecito que ceno de arroz con espinacas y queso
18-llega el factotum, nos alegramos de vernos, pero con moderación, porque somos tipos moderados, le regalo un paquete de amsterdamer que mi madre compró esta mañana en el estanco – llevo pensando regalarle eso desde hace lo menos un par de meses
17-saco y coloco todo el equipaje; contra todo pronóstico hago este proceso rápido, animado
16-enfilo mi calle, escucho voces de borrachos, vienen de mi bloque, hay unos animosos cerveceando en el balcón del primero, posiblemente trataron de escupirme desde arriba (esto es alemania, eso no pasa, pero viniendo de sevilla pienso que lo hacen), pero yo estaba entusiasmado con llegar a mi hogar; se quedan 1 poco rayados y ríen nerviosos cuando ven que el tipo que de madrugada atraviesa la calle nevada con maletas se dirige a su portal y escuchan como saca las llaves (porque parece mentira, pero vas pillando in the poquito a poquito qué casca/comenta la peñita)
15-reencuentro con la secuencia de paradas de tranvía que me llevan a mi piso
14-emerjo a la superficie, Neumarkt está vacío, el mercado de navidad no está y en su lugar una explanada nevada ocupa ese yermo espacio (¡últimamente tengo ganas de aplicar el adjetivo yermo a todo!), allí tengo que esperar 20 minutos a mi línea; presto atención al anuncio de Nikon q hay en la parada, una nueva Coolpix, miro el termómetro que hay en un edificio: -7º, sin embargo, he sentido días más fríos; absorto en mis pensamientos, escucho palabras en español, EN TRIANERO: Irene y Fran – había pensado: ya aquí en Neumarkt igual veo a alguien conocido, y los veo precisamente a ellos, y a ella, que hoy estuvimos en el mismo aeropuerto a la misma hora a dos puertas de embarque de distancia – me quedo callado, era un momento muy especial, encontrarlos a ellos allí era algo grande, un momenti bravíssimo, pero, anonadado me limite a acercarme a ellos hasta que Fran se percató y me dió un abrazo que casi convierte mis gafas en una escultura de Chillida
13-Me siento tonto (sensación que desde que he llegado aquí es bastante cotidiana) porque, a pesar de que conozco la Hauptbahnhof, no encuentro la entrada principal pa entrar al metro, allí, muchachada efebísima se lanza a vivir su segunda noche de viernes del nuevo año
12-aparece el revisor, saco mi semester ticket, el tipo me dice sin inmutarse y sin perder la sonrisa que eso no vale para el ICE (coño, dilema: o me congelo en el lugar más frío del universo o pago 20€ por media hora de camino; ya estaba cansado de pagar cosas hoy)y empieza a teclear (empiezo a pensar que esa escena de un revisor tecleando no sé qué delante de mí empieza a serme preocupantemente familiar), le pregunto que “cuánto es,,” sin acabar la frase, y el tio me dice lo que vi en la máquina de la estación, porque sí, porque cuando bajé al nevado andén vi que era un ICE y volví a subir pa ver si había otro que fuera regional. 18.50, simplemente pagué el billete normal, nada de multas, mi padre me llamó en pleno proceso.
ACTO 2: How the west was won & where it got us
subido el 1/10/2009 04:06:00 a. m.
