Fui por segunda vez al supermercado, esta vez en busca de vitaminas, unos tomates por acá, unas zanahorias por allá, cuando fui por la mañana se me olvidó entregarle a la cajera el ticket del pfand, y además, con el nerviosismo de las prisas, pagué con un billete, así que, again, me veía con los bolsillos llenos de chasca.
Esta vez sería diferente, cabrona, te voy a pagar con monedas, y voy a tener suficiente. Cuento mientras hago la cola, tengo 4€66céntimos, me los meto en el bolsillo de la chaqueta, estoy listo para desenfundar cuando me digas el precio, “vier sechsundsechzig” – el tiempo se para, el mundo queda mudo, el negro de Brooklyn está suspendido en el aire a 10 centimetros de machacar la canasta, miro la pantallita de la caja para cerciorarme.
4.66€!
Exactamente el dinero que llevaba en bolsillo!
Yo ya casi me saco la polla y golpeo los guisantes mientras el confeti caía y las azafatas pechugonas sonreían.
Mientras tanto, en el mundo real, le di el dinero, y, aunque no inmutó su rictus, tuvo que fliparlo: este loco ha calculado producto por producto cuánto le iba a costar y me ha dado la guita exacta ipso facto.
La sonrisa que le hice al vigilante de la puerta fue histórica: tú no lo sabes, bigotes, pero un tio te va a nombrar hoy en su blog.
alégrame el día, cajera
subido el 11/03/2008 08:34:00 p. m.
